miércoles, 23 de febrero de 2011

miércoles, 16 de febrero de 2011

Capítulo diecisiete

No puedes quedarte dormida. Tonta. No puedes. Eres tonta. Dormida. Eres tan tonta. Te odia. Duérmete.

Fiesta de cumpleaños de Jack

—¡ERES TÚ!
La música había dejado de sonar. Seis personas habían escuchado perfectamente aquella declaración: Meghan, Rachel, Chelsea, Christian, Jack y Jake.
"Mierda". Chelsea se mordió el labio, enrojeciendo. De la vergüenza no podía ni moverse. El chico al que se lo había gritado también estaba allí, de pie.
—Tengo que irme— logró decir.

No es real. Es un sueño, estúpida. Puedes cambiarlo

—¡Chelsea! ¡Mira dónde estás!

Casting del Musical: One moment, one song
Principales:
Jake- Jake Brown
Helen- Victoria Jones
Rex- Lucas Took
Christina- Chelsea Watson
Secundarios...


No. Definitivamente, no. Ella no se había presentado a las audiciones.
—¡¡CHELSEA MARY WATSON!!
Rachel Porter, con su peor cara y su habitual mal humor, se dirigía hacia ella. La pobre elegida, sin saber qué era lo que había hecho para merecerse aquello. La bronca fue impresionante. Rachel acabó la discusión porque sonó la campana para ir a clase. Ella también debía ir a clase.

Cambia eso. No debes volver a recordarlo...

—¿Lo has visto?
—Sí, ¿cómo no verlo?
—¡Está de muerte!
—¡Como un tren!

You are everything and nothing!
When you shine I wish you were mine!
Can you just see me burning?
I'm in fire and you're my water...

Chelsea se sentía como una princesa. Sus compañeros del club de baile bailaban alrededor de ella y estaba cantando. Pero sabía que tenía que actuar, y no quedarse en blanco mirando a su príncipe a los ojos.

You are my worst memory, my enemy
and my sweetest dream...
You can see that I'm crying and I can't sing.
Because you are my lovely love
and my secretly Romeo.

Jake, que sabía qué tenía que hacer, la cogió de las manos y puso una rodilla en el suelo. Le cantó la última parte de la canción mientras ella repetía sus pasos, pero cayendo al suelo... como si muriera de amor.

martes, 15 de febrero de 2011

Capítulo dieciséis

Los pasos se oían en el pasillo.

Why you left me on the corner?
It's because I cried a river?
Before I was a stranger.
Now I'm a strong woman who
can't forget you.

El suave sonido del piano hacía olvidar el pequeño rumor de las palabras.

And when stars fall,
I feel like if I was.
Every little thing that I can hear
is a story about pain and fear.

Y la muchacha que cantaba en su mente apenas podía aguantar esas lágrimas furtivas.

Goodbye, love.
I will miss you a lot.
Cause I lost my heart and my life.

—Chelsea.

Goodbye my friend
and my liar.

—Es hora de irnos.
Un último acorde se queda en el aire.
—Dame unos minutos.
Las cajas han desaparecido. El papel de las paredes, también. La madre de la chica le deja un poco de tiempo.
Ella pasea la mano por el piano, antes de que se lo arrebaten. Demasiado tarde.
Cierra los ojos, disfrutando el olor que pronto se irá de su vida.
La colección de CD's, antes en un estante, ya no está.
Se da cuenta de que ella ya no está allí. Que no tiene ganas de seguir con la que antes era su vida, y que quiere empezar desde cero todo. No dejar a sus recuerdos pasar a su consciente y que se fueran de su subconsciente. No quería volver a llorar y a pensar en todo lo que le hacía ponerse triste.
—Andrea— llama a su hermana—. Espérame.
Y deja su, ya antigua, habitación. Supone que es para madurar.

El que busca hacerla entrar en razón, llega a tiempo.
Corre hasta el punto de no poder respirar.
Llueve en el exterior y en lo más hondo de su corazón. Está empapado y, como es por su amor, no le importa.
—¡Chelsea!
Lo grita como si quisiera que todo el universo diera un vuelco y la esperara a ella. De hecho, eso es lo que pretende. Que todo el mundo viera que era su reina.
Ella no quiere mirar atrás. Pero él no desiste, volviendo a llamarle. No puede aguantarlo más, y le responde dando una vuelta. Para verle. Y una vez que lo reconoce, no quiere irse.
Corren el uno hacia el otro, como si no desearan otra cosa. Y la verdad es que no. No saben qué decirse.
—No te vayas, no ahora...— pide él.
—Te voy a echar de menos— responde ella, con una triste sonrisa.
—No— contesta el chico, abrazándola como si eso fuera su vida.
—Ojalá hubiéramos tenido más tiempo. No sabes cuánto daría por más.
—Quédate y lo tendrás.
—No daría eso por tenerlo— ella corta la conversación. La muchacha se deshace de él—. Te voy a echar de menos.
Pero, antes de que pudiera avanzar, le besa. No puede resistirse, y cae rendido a sus pies. Ve que su mundo se desmorona sin ella y que se caía delante de él.
Susurran en el oído del otro esas palabras que antes temían...
—Te quiero.

lunes, 14 de febrero de 2011

domingo, 13 de febrero de 2011

Reapertura

Queridos amigos:

Todo como lo veis en Songs for Us ha cambiado.
Este blog busca hacerse un hueco entre vosotros.
Empezamos nueva temporada en la historia.
El formulario se abre.

¡¡Volvemos con las pilas cargadas!!

¡Buscamos colaboradores! Imprescindible el amor a la música, el buen humor y la creatividad.

¡Empezamos!

jueves, 23 de diciembre de 2010

Gracias por todo



Estamos a 23 de Diciembre. Aún recuerdo cómo preparaba el blog para que pudiera empezar a abrirlo. Pero nunca hay que olvidarlo, al igual que tampoco hay que olvidar las primeras visitas. Todos habéis hecho algo por el blog y por mí.
Esta tarde entré a JBMW y encontré el balance de Jennyfer sobre el 2010... y había un agradecimiento para Songs for Us. Y ella me ha hecho pensar en vosotros.
Algunas personas que me han ayudado son: Jennyfer, Andrea, Almudena, Rocío, Daniie, Angela, Irune, Mariana, Idoia... todas sois maravillosas.
Quería agradecer a todos los que han ayudado a hacer un poco más grande el blog todo lo que han hecho, aunque no estéis arriba.
El montaje es un regalo para vosotros, para dar una pequeña muestra de agradecimiento.
Gracias de nuevo.
Feliz Navidad y próspero año 2011.
-Anita

martes, 7 de diciembre de 2010

Capítulo quince

Dos meses después

"¿Por qué nunca hay nada en el armario?"
Meghan pasaba las perchas con conjuntos rápidamente. Nada de lo que había para ponerse le convencía. Era la mejor fiesta a la que le podían haber invitado, y no tenía nada de ropa.
—¡Meghan! ¡Acaban de llamar al teléfono, date prisa!
Ella, corriendo, se probó un vestido blanco con cinturón negro. Aquello no estaba tan mal. Se peinó mientras se ponía los zapatos y bajó corriendo. Su madre la encontró con el cepillo de dientes en la boca.
—I...ta...e...o...— logró decir Meghan. Su madre la entendió, quitándole el aparato—. Gracias.
—No vuelvas tarde— pidió la madre.
—Antes de las diez estoy aquí— aseguró Meghan, colocándose una diadema negra en el pelo.
Salió de su casa, esperando a su amiga Chelsea que venía a recogerla para ir juntas a aquella celebración. Apareció poco después, en el coche de su hermana. También llevaba un vestido blanco, aunque de corte diferente.
—¡Qué pasada!— se le escapó a Meghan, cuando entró.
—Dale las gracias a Andrea— respondió Chelsea—. El vestido blanco... o te gusta alguien que va a la fiesta o te gusta alguien que va a colarse en la fiesta.
Meghan se rió. Chelsea arrancó de nuevo el coche y condujo hasta el lugar donde se celebraba el evento.
—Hola, soy Meghan Wilde— le dijo la misma al chico de la puerta—. Chelsea Watson viene conmigo.
—Pasad— indicó el otro.
Las dos entraron al local. Era impresionante. Todo estaba decorado como si fuera una fiesta de Hollywood.
—¡Habéis venido!
Jack las saludó con un gran abrazo. Chelsea no pudo evitar sentirse un poco incómoda.
—Hola, Jack— respondieron ellas. Meghan tenía una sonrisa más agradable que la de su amiga.
—Meg, ¿te importa dejarme un minuto a solas con Cherry?
Ella, en cierto modo desilusionada, asintió y fue hasta la pista de baile a ver si había alguien con el que pudiera hablar.
—Hola— saludó Chelsea. Intentó sonreír, pero lo más parecido a lo que esbozó fue una mueca.
—¿Qué te pasa?— preguntó Jack—. Hace meses que no me hablas, me evitas cuando me ves por los pasillos... No sé cómo he podido darte la invitación.
—Es que...— ella no sabía cómo disculparse—. Había ensayos para el Musical... y Meghan... pues...
—Esas excusas no valen. Tenemos el mismo horario, ¿recuerdas?
—Ya... claro...— se maldijo—. Pero, Jack... es que no lo entiendes. No lo quieres entender. Ya te lo he dicho varias veces.
—También te lo he dicho varias veces, y no parece que lo entiendas— argumentó él.
—Lo sé, Jack. Y lo siento. Tanto tú como yo sabemos que es imposible. Ya sabes que... bueno...
—¿Jake?
—Siento tener que decírtelo tanto, Jack. Pero no puedo estar contigo. No quieras cambiarme.
—No quiero cambiarte. Te quiero tal y como eres.
—¿Lo ves? No lo entiendes.
—¿Qué es lo que no entiendo?— preguntó Jack.
—Absolutamente todo. Una de esas cosas es que no me gustas— respondió Chelsea—. No me hagas repetirlo.
Ella se fue, sin muchas ganas de seguir hablando con el chico. Llegó hasta la barra con toda la comida y la bebida.
—Hey, Chelsea.
La chica se estremeció. Sus mejillas enrojecieron, hasta el punto de estar quemándole la cara. Era él. Su estrella favorita.
—Hola, Jake— sonrió y le miró a la cara—. ¿No tenías fiesta?
—No, ¿dónde quedaban las de mi instituto favorito?— contestó Jake Brown—. Jack es un buen amigo... ¿no crees?— ella no respondió—. El caso es que... bueno, te he visto sola y pensaba que igual te interesaría bailar un rato.
—¿Te refieres a...? ¿Bailar contigo?
—¿A qué me iba a referir?
Él la cogió de la mano, sonriendo. Se la llevó a la pista. Meghan estaba en una esquina, con Jack. El chico no parecía muy cómodo, pero Meg le sonreía con ternura.
Jake miró a Chelsea. Chelsea miró a Jake.
"Es que... lo sé, es imposible..."
"¿De verdad debería dejarle...?"
"Pero él apenas se fija en mí..."
"Pero ella apenas me habla..."
—¡Ah, hola!
Una chica con un largo vestido blanco y pelo pelirrojo se les acercó. "Otra con la misma ropa", pensó Chelsea. Se arrepintió nada más verla y reconocerla.
—¡Rachel! ¡Qué guapa estás!— exclamó Jake. Ella se sonrojó—. ¿Hoy no bailas en el escenario?
—¿Con este frío! ¡Brrr! Creo que paso— respondió tímidamente.
—Qué pena. Reserva un poco para mí, ¿vale?— pidió él. Rachel asintió y se acercó a Christian, que estaba detrás de ella.
Chelsea miró a Jake. No sabía muy bien qué decirle. El DJ pinchó una canción lenta. Empezaron a bailarla.
—¿Qué le pasa a Jack contigo?— le preguntó Jake.
—Es una cosa de críos— contestó. Él le pidió más información con la mirada—. Es que... verás... Es complicado.
—Bueno, ve despacio. Seguramente pueda entenderlo.
—Es que... No me gusta. Y yo a él sí— explicó la chica.
—¿Y ya está?
—No... es que me gusta otra persona que... Bueno. No. Ya está. Es que me quiere para él y yo lo considero un amigo...
—¡Para el carro!— pidió Jake—. ¿Quién es el que te gusta?
—Nadie.
Jake siguió preguntando.
Ella seguía negando.
Hasta que...
—¡Jake, no quieras pedirme que te lo diga porque no puedo!
—¡Sí puedes!
—¡No puedo!
—¡Sí puedes!
—¡No puedo!
—¡Sí puedes!
—¡No puedo!
—¡Sí puedes!
—¡No puedo!
—¡Sí puedes!
—¡No puedo!
—¡DÍMELO!
—¡PUES ERES TÚ!